Sunday, May 27, 2007

Por fin voces sensatas

Por: Jaime Ruiz

Es triste tener que reconocerlo, pero lo más característico no es ni el sufrimiento ni la crueldad ni la injusticia. Ni siquiera el cinismo de los proveedores de iniquidades que reinan en los espacios de opinión de la prensa. Puede que en todos los lugares y épocas en que ha imperado el crimen todo eso se diera sin grandes diferencias. Lo que no es fácil saber es si en otros sitios tenía ese aspecto grotesco de una farsa representada y escrita por alumnos de sexto curso.

El increíble columnista Héctor Abad Faciolince, quien casi resume la idea de "izquierda democrática con rostro humano" propone una ley de ostracismo para que los criminales no puedan participar en política. Se hace eco de lo propuesto por Andrés Hoyos, director de El Malpensante. Es lo que se dice una propuesta digna del país. Figúrense que lo que se ha estado proponiendo a las FARC es que participen en política. Y no, no renuncian a imponer su sueño a pesar de esa oferta. ¡Ahora que se les va a prohibir, seguro que se van a dar cuenta de su error!


Yo voy a comprar una casa. Me piden cien millones, pero yo sólo puedo pagar ochenta. ¡La solución es ir y ofrecerle al vendedor sólo cincuenta en venganza por su obstinación! De no ser porque cada semana hay decenas de personas asesinadas, porque miles siguen secuestradas, porque decenas de miles siguen armadas matándose en el monte, casi que sería más fácil reír que llorar.

Pero es que la propuesta de prohibir hacer política a los criminales de la planta de producción de la izquierda democrática pasa por alto que desde las oficinas la política que se hace es precisamente promover y cobrar el crimen. Por no hablar de lo que se hace desde las boutiques de los medios: baste con ver el video en que aparece en la misma revista el heredero del Frente Manuel Cepeda Vargas.

O mejor, con leer el artículo que apareció el sábado firmado por el ex ministro y líder del PDA Camilo González. Vale la pena detenerse en una cita que hace del gobernador del Valle Angelino Garzón, aunque se debe recordar que González es su mentor:

¿No es hora de preguntarnos si escenarios propios de la democracia, como una Asamblea Nacional Constituyente, podrían ser el camino más indicado del pacto político y social que ponga fin a la violencia? ... Una constituyente por la dignidad nacional que reivindique la política como ejercicio de la búsqueda del bien colectivo, lejos de la corrupción, del narcotráfico y de las presiones violentas de los armados ilegales: una constituyente por la paz basada en la verdad, el perdón, la reconciliación y la reparación a las víctimas de esta absurda violencia. Una constituyente que dé oportunidad a los actores de la violencia, para que se conviertan en actores de paz y de reconstrucción democrática e institucional.


Hablar de una Constituyente como "escenario propio de la democracia", en la concepción de esta gente es exactamente lo mismo que si un cuchillero habla de un corte lanzado a la yugular como una "práctica propia de la medicina". Una Constituyente elegida limpiamente arrojaría resultados parecidos a los de las presidenciales o a los de las legislativas, y la Norma que saliera de ella sería mucho menos satisfactoria para la izquierda democrática que la de 1991. Pero es obvio que no están pensando en esa clase de Constituyente sino en una cuya composición fuera negociada previamente en aras de "la paz", es decir del interés de algún político (como fue la de 1991 con César Gaviria) que no tuviera muchos problemas en venderle los esclavos a buen precio a la izquierda democrática y de la aprobación posterior, con padrinos Smith & Wesson. Es decir, con la amenaza clara del retorno de las bombas.

Esa palabrería con que se pretende imponer el premio de las masacres muestra hasta qué punto los políticos de la izquierda democrática son los más "tradicionales" que hay en Colombia: "el pacto político y social que ponga fin a la violencia" es en buen romance "el acuerdo de rendición de los mutilados por minas y de los deudos de los secuestrados, que reconocen a sus victimarios como amos".

Perdón, perdón: ¡es la "dignidad nacional". Es que esas mentiras repugnantes son todo el crimen. Desde el Comité Ejecutivo Central del Partido Comunista de Colombia Angelino Garzón encargaba toda clase de tropelías al brazo armado de la organización. Dos décadas después ofrece a las víctimas del atraco la posibilidad de conservar la vida siempre y cuando firmen la escritura de propiedad a favor de los que descubren que esa violencia era "absurda". Ahora los cientos o más bien miles de millones que el angelito se ha embolsado desde entonces son "absurdos", así como la eficacia de la acción armada para el éxito sindical (es decir, de creación de una clientela agradecida). Pero es una mala interpretación: lo "absurdo" es que el ejército y la población no se hubieran rendido a tiempo. Eso genera violencia en la medida en que la violada debería rehuir el estrés de la resistencia y en lugar de eso absurdo relajarse y gozar y hacerse concubina del fogoso amante que la historia le deparó.

La última frase es extraordinariamente expresiva: Una constituyente que dé oportunidad a los actores de la violencia, para que se conviertan en actores de paz y de reconstrucción democrática e institucional.¿Es que ahora no tienen oportunidad? ¿Hay alguien exigiendo seriamente que se excluya a las FARC de la política en una negociación, aparte de ese mamarracho Abad Faciolince que siempre termina pidiendo el voto para el que decía como magistrado que los asesinatos motivados por intereses políticos (de su facción) debían quedar impunes porque tenían miras altruistas?

Para que los actores violentos se conviertan en actores de paz y de reconstrucción lo más urgente es convencerlos de que no van a dictar ninguna ley ni a nombrar a nadie para una Constituyente elegida sin urnas. De que cualquier gobierno que se prestara a eso se haría ilegítimo y la sociedad tendría el deber de tomar las armas para restaurar el derecho (que no puede surgir del premio del crimen).

Pero todo forma parte de una campaña con la que pretenden impedir que el gobierno acabe su mandato: así se explica la incesante presión de los medios y la intoxicación de cada día, según la cual alguien como Angelino Garzón, responsable de mandar matar gente desde la alta dirección de las FARC en su época (es decir, el Comité Ejecutivo Central del PCC) es un político respetable, como el que asesinó a José Raquel Mercado y tantos otros amigos de Enrique Santos Calderón, mientras que el poblador de una región azotada por el crimen que no tuvo otro remedio que pagar la extorsión a quienes impedían el éxito de esos filántropos es un terrible criminal.


La Constituyente de paz era la propuesta de Tirofijo en 1998: llegó a decir claramente que quería la mitad de los delegados para las FARC y la otra mitad para el Estado. La presión de los canallas de los medios pretende forzar a la sociedad a volver a esa misma situación, como si una década hubiera pasado en vano y todavía contaran con el país acobardado y envilecido de entonces.

En últimas, la retórica de Angelino Garzón-Camilo González Posso lleva una amenaza clara: pretenden justificar la próxima oleada de bombas y masacres que cobrarán sin el menor pudor como "fracaso de la seguridad democrática". Esa amenaza en sí no tiene nada de novedoso: es más fácil encontrar diferencias con la retórica de las FARC en una página como Anncol que en la de http://www.indepaz.org.co/Indepaz.

Y la gente tiene que despertar más allá de la mediocridad del gobierno y del poder de los socios de las FARC: esas mentiras son aliento del crimen y preparación de otro período como el que comenzó en 1998. Si no hay una respuesta, si se permite tranquilamente que el oficio de los maestros sea la huelga y que el sindicato de maestros tenga canales de televisión de propaganda del terrorismo, si no se desaprueban las mentiras obscenas de los propagandistas melifluos (como Abad)... En fin, si no se mantiene el esfuerzo que permitió elegir a Uribe en 2002 y recuperar los índices de homicidios y secuestros, la embestida de la izquierda democrática puede llevar a una guerra civil de dimensiones difíciles de imaginar.